domingo, 10 de abril de 2016

TRÊS POEMAS DE MARÍA ÁNGELES PÉREZ LÓPEZ

[La mirada insolente]
para Ana Orantes, a quien su exmarido prendió fuego un 17 de diciembre de 1997
La mirada insolente
es una forma aguda como un clavo en la tierra,
contiene una porción horrible de sí misma
y apenas imagina
la depauperada humillación de estar
como si no,
del cuerpo que se arruga
y se encoge en su nudo primerizo
volviéndose ceniza, haciéndose invisible
materia degradada por el odio,
la paja que se prende con blandura.

La mirada insolente
acompaña a la mano, a la pierna insolentes
para apresar el cuerpo con el garfio del miedo
porque ella está tan sola y ya vencida,
herida de la queja y azotada
con el tizón de espanto que lleva el que es su ángel
del mal o de la ira.

La violencia insolente
hace temblar los márgenes del cuerpo
y en su lenta combustión como de encina
la tinta de las venas escribe ese calvario
cuando era profanado el templo de la carne
y en el aire se anotan garabatos, grafitis
con la voz enfangada y sucia de ese grito
que calcina los labios, las cuerdas de la boca,
“porque yo no sabía hablar
porque yo era analfabeta
porque yo era un bulto
porque yo no valía un duro”.

Oh cuerpo de papel para la hoguera.
(de El ángel de la ira, 1999)

[O olhar insolente]
para Ana Orantes, queimada viva pelo seu homem a 17 de dezembro de 1997

O olhar insolente
é uma forma aguda como um prego na terra,
contém uma dose horrível de si próprio
e mal significa
a depauperada humiliação de ficar
como se não
do corpo que se enruga
e se encolhe no seu nó principiante
virando cinza, tornando-se invisível
matéria degradada pelo ódio,
a palha que se prende com moleza.

O olhar insolente
acompanha a mão, a perna insolentes
para atrapar o corpo com o gancho do medo
porque ela está tão sozinha e vencida,
ferida na sobrancelha e surrada
com o tição de medo que leva quem é o seu anjo
do mal ou da ira.

A violência insolente
faz tremer as margens do corpo
e na sua lenta combustão como de azinheira
a tinta das veias escreve esse calvário
quando era profanado o templo da carne
e no ar se escreviam garatuja, grafitis
com a voz enlameada e suja desse grito
que calcina os lábios, as cordas da boca,
“porque eu não sabia falar,
porque eu era analfabeta,
porque eu era um vulto
porque eu não valia um tostão”.

Oh, corpo de papel para a fogueira.


[Elefantes]

Como los elefantes, la mujer
se inquieta ante los huesos de su especie,
mueve nerviosamente la cabeza,
se extravía y tropieza en su dolor.
Los esqueletos largos, mascarones
que arrojaron el mar y el pleistoceno
para dormir, lavados por el agua
hasta volverse láminas de luz,
son una herida abierta y silenciosa
que los grandes mamíferos levantan
con tal delicadeza, con colmillos
en su arabesco y su melancolía.
Porque los elefantes, la mujer,
elevan la osamenta de los suyos
y los acunan con sus grandes dientes,
los mecen con pasión y con trastorno.
Como los elefantes, la mujer
cubre su piel de arena y de termitas,
arroja a sus costillas, su espaldar
la tierra de sus muertos, se recubre
de su aspereza seca, ventolera
o ráfaga de tiempo calcinado
y canta lentamente una canción
que en su baja frecuencia, solo escuchan
congéneres lejanos, primordiales.
Cuando pinta sus dientes de marfil,
dentina opaca y blanca, romboidal
que prestigia su boca y su alegría,
la mujer talla en ellos la aflicción
preciosa, endurecida como laja
que atraviesa la luz y la somete.

(de Atavío y puñal, 2012)



[Elefantes] 

Como os elefantes, a mulher
inquieta-se perante os ossos da sua espécie,
mexe nervosamente a cabeça,
extravia-se e tropeça com a sua dor.
Os esqueletos longos, mascarões
que aventaram para o mar e o pleistoceno
para dormir, lavados pela água
até se tornar lâminas de luz,
são uma ferida aberta e silenciosa
que os grandes mamíferos erguem
com tal delicadeza, com caninos
no seu arabesco e a sua melancolia.
Porque os elefantes, a mulher,
alçam a ossamenta dos seus
e os aninam com os seus grandes dentes,
os mexem com paixão e com toleima.
Como os elefantes, a mulher
cobre a sua pele de areia e de termites,
lança as suas costelas, as suas costas,
a terra dos seus mortos, recobre-se
da sua aspereza seca, ventaneira
ou lufada de tempo calcinado
e canta lenta uma canção
que, na sua baixa frequência, é apenas escutada
por congéneres remotos, primordiais.
Quando ela pinta os seus dentes de marfim,
Dentina opaca e branca, romboidal
que prestigia a sua boca e mais sua alegria,
a mulher esculpe neles a aflição
preciosa, endurecida como uma laje
que é atravessada pela luz e a submete.



[En el aire, la piedra]

En el aire, la piedra ya no duele.
Cuando rueda, recorre con violencia
la edad que se camina hasta ser bronce
y transforma en herida cada lasca.

Limadura, fracción con que el lenguaje
despedaza la piedra en sus dos sílabas
como vocablo hendido y estilete
que afila la humildad de la derrota
para ofrecer la dádiva del miedo,
la floración solar del sacrificio.

Piedra cuchillo, caracola de aire
que encierra los sonidos de la tribu
en el tambor solemne de la guerra,
en la angustia y pezuña de animal,
en la desesperada turbación
con la que Gaza sangra por sus cifras.

Sin embargo, la piedra se resiste.
No está dispuesta a ser domesticada.
Hay en su corazón un alto pájaro.
Hay en ella arrecifes, elefantes,
caminos y escaleras, soliloquios,
las circunvoluciones, el destino,
el álgebra, la luz de las estrellas,
el abrazo de Abel y de Caín.

Hay en su corazón un alto pájaro.
Cuando vuela en el aire, ya no duele.

(de Fiebre y compasión de los metales, 2016)



[No ar, a pedra]

No ar, a pedra já não dói.
Quando roda, percorre com violência
a idade que caminha até se tornar bronze
e transforma a ferida em cada lasca.

Limadura, fração com que a linguagem
esfaragulha a pedra nas suas duas sílabas
como vocábulo fendido e estilete
que aguça a humildade da desfeita
para oferecer a dádiva do medo,
a floração solar do sacrifício.

Pedra cutelo, búzio de ar
que chói os sons da tribo
no tambor solene da guerra,
na angústia e o peçunho do animal,
na desesperada turbação
com que Gaza sangra pelas suas cifras.

No entanto, a pedra resiste-se.
Não é pronta a ser domesticada.
Há no seu coração um alto pássaro.
Há nela arrecifes, elefantes,
caminhos e escadas, solilóquios,
as circunvoluções, o destino,
a álgebra, a luz das estrelas,
o abraço de Abel e de Caim.
Há no seu coração um alto pássaro.
Quando voa no ar, já não dói.

© Texto: María Ángeles Pérez López
© Tradução: Xavier Frias Conde


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